"...Para mí, Argentina no reconoce la diversidad
étnica que tiene… esa argentinidad se construye en una lógica netamente blanca
y en esa negación sistémica, constante y aplastante de olvidarnos a nosotres
mismos..."
Maximiliano Mamaní
En este contexto posmoderno y en la búsqueda de un
reconocimiento real, no solo como un "otro" que se autopercibe
diferente, el que desde la otredad lucha por el reconocimiento, no solo de su
identidad sexual sino también de lo social, cultural, histórico y racial, Maximiliano
viene a romper con la estructura de un importante aspecto de la cultura
nacional, con la propuesta de hacer folclore de una manera disímil.
Su iniciativa aparece como una redefinición de la cultura y
de la tradición. Pensar la danza folclórica, configurada bajo la
heteronormatividad y cisnormatividad, es, de alguna manera, seguir los patrones
estereotipados, asegurar la repetibilidad de ciertas conductas, normas y creencias.
La pareja de baile, hombre-mujer, es la frontera simbólica que
refiere Hall. El hombre es hombre y la mujer es mujer. La Cholita Bartolina de
Maxi se instala fuera de esa frontera, ubicándose del lado del “otro”, de lo
desviante. Y es en este punto, donde el
deseo de disgustar irrumpe, desde el arte, como la forma de reclamo y creando la
posibilidad de nuevos espacios en donde el folclore no esté limitado por la
norma heterosexual. Redefiniendo la danza folclórica como un espacio cercano a
la identidad de género.
Su construcción como "marica indígena" tiende a
posicionarse desde la periferia y desde otra perspectiva, como un sujeto que
pretende generar conciencia a través de sus actos y mostrando a la sociedad la
ruptura de los mandatos coloniales imperantes, haciendo un reclamo por la lucha
de la identidad, de su identidad de género, de su cultura y de su territorio.
Su arte reafirma la cultura del norte argentino revalorizando
la cultura indígena. Enfatiza sus rasgos físicos, su indumentaria, su danza, su
música, su tierra. Maximiliano destaca sus orígenes y sus raíces como legado
ancestral, en un proceso de desconstrucción del concepto de colonizado que
considera como “una población de tipos degenerados sobre la base de origen
racial”.
Maximiliano a través de su personaje muestra que su cultura
es visible. Sin embargo, en el juego del poder aparece como negada por la
colonialidad. Bhabha, parafraseando a Foucault, sostiene que “la relación de
conocimiento y poder dentro del aparato es una respuesta estratégica a una
necesidad urgente en un momento histórico dado”. En este sentido, el
colonizador visibiliza al “otro”, en tanto, necesita reconocerlo para poder
explotar sus territorios en detrimento de los que luego serán (son) “invisibles”.
Retomando la cita inicial se observa una fuerte carga
semántica, particularmente en la lógica predominante de la blanquitud. Maximiliano
exacerba su color de piel como un límite o una condición de inferioridad marcada
por la colonia, al decir de Fanon “el Negro sigue siendo un negro”. Esta
diferencia negativa y estereotipada no le representa un límite real, sino que
lo impulsa a ser lo que es y lo que quiere ser. Movilizando el pensamiento y
las acciones de aquellos que aún se encuentran circunscriptos por los conceptos
impuestos por la colonia. Maximiliano ratifica su identidad ideológica y psíquica
reflejando la oposición al discurso colonial. El discurso que representa “los
modos de diferenciación, defensa, fijación y jerarquización” empiezan a ser cuestionados
a través del arte.
El arte es para todos, pero hay quienes lo interpretan de distintas formas. Por un lado, se encuentran los que se ven y se sienten movilizados, interpelados, desafiados a cambiar la realidad no desde lo utópico sino desde su otredad, de la marginalización en busca del reconocimiento. Por otro, los que persisten reproduciendo desde la práctica el discurso hegemónico, que Dyers, citado en Hall (2010), explica:
El establecimiento de la normalidad (es decir, lo que se
acepta como ‘normal’) a través de los tipos y estereotipos sociales es un
aspecto del hábito de gobernar a grupos […] de intentar formar toda la sociedad
de acuerdo con su propia visión del mundo, su sistema de valores, su sensibilidad
y su ideología. Tan correcta es esta visión del mundo para los grupos
dominantes, que la hacen aparecer (como en realidad les parece a ellos) como
‘natural’ e ‘inevitable’ —y para todos— y, en tanto son exitosos, establecen su
hegemonía.
De esta manera y en consonancia con la propuesta artística de
Mamaní se propone ver el siguiente video que refleja el avasallamiento del
poder hegemónico representado por las grandes empresas. Es otra muestra del
arte que intenta movilizar y crear un cambio.

Buenas noches. Estoy totalmente de acuerdo con el planteo de esta idea "el colonizador visibiliza al “otro”, en tanto, necesita reconocerlo para poder explotar sus territorios en detrimento de los que luego serán (son) “invisibles”.
ResponderBorrarP.D: ya lo había visto al video y me encantó. Mucho más la segunda parte.
Saludos cordiales.
Antonella González
Blog: anthropos
El último aporte que realizan sobre el vídeo artístico de Bartolina Xixa, me pareció muy valioso, ya que refleja que su arte para incomodar trasciende sus derechos personales, hacía una lucha por derechos (el territorio, por ejemplo) e identidades colectivas. ¡Gracias!
ResponderBorrarEn el útimo video se percibe el reclamo por la contaminación ambiental. Danzar como el personaje de Bartolina Xixa en un basural demuestra el amplio compromiso de Maximiliano Mamaní no solo por levantar la voz de las minorías discriminadas, sino también para la concientización del cuidado de nuestra Pachamama.
ResponderBorrarPablo Orellana
"La tierra es de los que luchan" se puede escuchar en una de las partes del video, y demuestra que a Maximiliano no solo le importa bailar (entendiendo al baile como el móvil que materializa su lucha) para ser el drag que busca reconocimiento, sino que además reclama los derechos de esa tierra que lo vio crecer y lo hizo sentirse parte de algo.
ResponderBorrarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarHola chicas, su texto me parece muy interesante ya desde la cita que eligieron para comenzarlo, pues creo que refleja indudablemente aquello con lo que Maximiliano intenta romper. Además, me llama mucho la atención la idea de que Bartolina, al no encajar dentro de lo que se considera masculino ni femenino se ubica del lado del "otro" por tener una conducta considerada desviante desde el poder hegemónico, empleando eso como una herramienta de lucha y para visibilizar a ese "otro" que ha sido siempre utilizado y descartado, como bien señalan ustedes. Muy interesante su trabajo, chicas. ¡Saludos!
ResponderBorrarMaría Emilia Villaverde Gómez
¡Buenas noches compañeras!
ResponderBorrarCoincido totalmente con lo expuesto por ustedes, me encanta el modo en que Maximiliano hace arte a través de su representación a Bartolina mediante la propuesta de hacer folclore de una manera diferente.En este contexto posmoderno es necesaria la búsqueda de un reconocimiento real como un "otro" que se autopercibe diferente como así también su lucha por el reconocimiento en cuanto a identidad sexual, social, cultural, histórico y racial, ya que nuestra sociedad tiene rasgos con estereotipos que se encuentran lamentablemente definidos como a su vez excluyentes, en donde se hace imprescindible un cambio de mirada ante ideologías que por décadas han perpetrado a un sector de la sociedad.
¡Hola compañeras!Soy Marisol Alonso Alvarez
ResponderBorrarQuisiera retomar esta cita "El arte es para todos, pero hay quienes lo interpretan de distintas formas". Maximiliano intenta romper con los estereotipos que impone la hegemonía, (varón- mujer) dando lugar a la pluralidad, y a la diversidad. Estos aspectos, se consideran "desviantes" desde lo impuesto por la hegemonía.
¡Buenas noches colegas!
ResponderBorrarMaximiliano/Bartolina recrean artísticamente la metáfora de la suciedad por nuestro color de piel y que tanto interés y empeño pusieron los discursos coloniales en erradicar, así lo plantea Hall cuando postula:
"El jabón simbolizó esta “racialización” del mundo doméstico y la “domesticación” del mundo colonial. En su capacidad para limpiar y purificar, el jabón adquirió, en el mundo de la fantasía de la publicidad imperial, la calidad de objeto-fetiche. Aparentemente tenía el poder de lavar la piel negra y hacerla blanca así como de remover la mugre, el sucio de los tugurios industriales y de sus habitantes —los pobres no lavados— en casa, mientras que mantenía el organismo imperial limpio y puro en las zonas de contacto racialmente contaminadas".
El artista sabe lo que hace, domina un saber que le permite poner en movimiento un discurso propio y transgresor que desagrada e inquieta, aunque no por ello deja de interpelarnos.
Maximiliano es, sin duda alguna, el gran ejemplo de gritar por la igualdad y la inclusión desde las raíces originarias de nuestras culturas. Cuántas veces hemos visto personas que abandonan sus culturas por "encajar" en una sociedad de "clones".
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